sábado, 9 de abril de 2011
Cadáver
jueves, 7 de abril de 2011
No tengo mucho...
No tengo mucho que decir, tener es gran cosa: tener una casa con vistas, unos zapatos de cinco mil dólares, un manojo de talento en la mano izquierda... tener unos pies que están en el centro de todo, cuando todo, especialmente la admiración, viene hacia ti sin necesidad de dar un paso. Tener una fábrica de prodigios en la cabeza, una lengua que improvisa sabiduría. Tener el tiempo para brillar en los escaparates sagrados, volver después de una noche de juerga y encontrar la cama y el arte hechos.
viernes, 28 de enero de 2011
Actividad nocturna
martes, 9 de noviembre de 2010
Cuestión de tiempo
Desde entonces y sin quererlo he ido aprendiendo el lenguaje de los cuerpos vacíos que tendidos sobre las hojas aguardan en el bosque, a merced del tiempo, rezando por el siguiente invierno, la siguiente primavera, el siguiente, el siguiente...
domingo, 20 de junio de 2010
Esta es la habitación
Mi habitación es blanca. Un edredón blanco, armarios blancos, cortinas, escritorio, cabezal transformado en pedestal para los libros, ventilador, ordenador, todos blancos... hay unos farolitos chinos rojos que heredé que no dejan de empolvarse, ya por la falta de limpieza, ya por la falta de uso, pero han alcanzado el punto en que el polvo les da cierto carácter, un espíritu de abandono que, algún día, se volverá signo de poética melancolía, como el polvo que semi involuntariamente dejo que se acumule sobre aquella lapicera que algún día tuve sobre mi mesa en la oficina y que ahora le ha dado por coronar al televisor.
Todos coincidimos en que salvo por el espíritu de Shakespeare, de Ibargüengoitia, de Bukowski, que han buscado asilo en mis estantes, esta habitación carece por completo de personalidad. Me cuesta decidirlo, colgar un cuadro, pintar una pared ¿Y si los colores no me dejan dormir? ¿Y si me adormecen mientras trabajo? Entre una indecisión y otra, se abre la ventana y pienso ¡bien por las paredes! Tuvieran el color o la textura que fuera, se la pasarían envidiando mi cielo que da fondo a esa estampa postmoderna conformada por esa antena que, a lo largo de los años, mis vecinos deconstruyen, agregan más antenas, más estructuras oxidadas, rayos de bicicleta, cables que difícilmente la sostienen, otros que, estoy segura, son meramente ornamentales. Y una media luna gorda que a plena luz del día recibe el cortejo de dos gaviotas.
sábado, 12 de junio de 2010
El alimento de la bestia
Ahí al frente estaba, agazapado, disponiéndose a saltar, el miedo. Mis poros se ciernen, como montañas, cada uno es el filo de una botella rota intentando traspasarme la piel. En medio de la acera, donde la gente va y viene sin descanso, surge el espacio, una burbuja me rodea, los aparta, su marcha, sus voces, sus aparatos electrónicos, todo se deposita en el fondo del océano, es un murmullo hueco, ahogado en la profundidad. Cada uno de mis órganos, todas mis cicatrices, viejas y recientes, se aprietan contra la dermis, quieren traspasarla, romper cada articulación, propagarse a través del aire y dejar rendida esta envoltura, como el abrigo olvidado en el suelo al llegar a casa. Mi mente en blanco, bajo un breve haz de iluminación, reconoce que ha sido abandonada a merced de la bestia y atisba que a pesar de no haber más carnaza para alimentarla, sus dientes encontrarán aquella reminiscencia a la cual podrán aferrarse, un hueso formado enteramente de dolor.